sábado, 29 de agosto de 2009

Haridwar, la puerta del Ganges

Situada a la orilla del Ganges, en el punto donde el rio desciende desde las montañas hasta la llanura, Haridwar es considerado un punto clave para los hindús, que acuden a millares a darse el baño sagrado. Es también el punto de partida de numerosas peregrinaciones hacia las fuentes del Ganges y el Yamuna, su afluente más importante. De todo ello se entiende la algarabía y el alboroto que se vive en las calles a todas horas. Una ciudad para vivirla y sentirla al máximo, que no deja indiferente a nadie.



El epicentro y principal punto de encuentro en Haridwar es Har-Ki-Pairi (las huellas de Dios), lugar donde la mayor parte de visitantes realizan la ceremonia del baño en el Ganges. Allí me dirigí en primer lugar para comenzar mi visita. La visión desde los puentes es un espectáculo inolvidable. Hombres, mujeres y niños chapotean en las orillas en un ambiente bastante distendido. Me dieron ganas de unirme a ellos, pero preferí reservar el chapuzón para otro momento.





Cuenta la leyenda que el Águila Real, hijo del dios Indra, robó el néctar de la inmortalidad y se le cayeron 4 gotas. Una de ellas se posó justamente en Haridwar, de aquí el carácter sagrado de la ciudad. En conmemoración de este hecho, se celebra aquí, cada 12 años, el Kumbh Mela, uno de los festivales religiosos más importantes del mundo y el que más peregrinos congrega a la vez (unos 70 millones en la última edición). El siguiente se celebrará el año que viene, por si a alguien se siente solo y le entran ganas de pasarse.







Como decía, el ambiente es formidable, solo interrumpido en ocasiones por algunos individuos que se dedican a recoger donativos. Curiosamente, mira por donde, al primero que abordaban era a mi. Llegó un momento en el que le tuve que preguntar a uno, en un limitado pero preciso hindi, que porque pasaban cien indios por delante y no les decía nada, y llego yo y me pide dinero en cuanto me ve. Que por ser extranjero no quería decir que fuera rico (“meen pesevala nahi huun”). Dicho esto me dejó de dar la vara.







El otro gran punto de interés en Haridwar es el templo de Mansa Devi, situado en una colina a 170 metros de altitud. A lo largo de la subida, hay dispuestos diversos tenderetes donde se venden ofrendas para la diosa, y otros productos de carácter religioso: medallones, figuritas de dioses, pulseras, etc. Lo más bizarro eran los DVD´s con videos musicales de cánticos religiosos, cutres como ellos mismos (no pude evitar comprarme un par de ellos). Una vez arriba, el templo en si no tiene nada de particular, uno más entre muchos, pero las vistas de la ciudad y el Ganges son geniales.







Tras un vistazo más a las orillas del Ganges, a la tarde cogí un autobús hacia Rishikesh, a una hora de viaje, rio arriba, donde llegue a tiempo de presenciar parte de la ceremonia del arathi. Esta tiene lugar cada noche, y en ella los fieles realizan ofrendas al rio en forma de velitas adornadas con pétalos de flores. Es digno de ver, la verdad.



Y nada más, el día había sido ajetreado y hacía falta coger fuerzas. La siguiente jornada iba a estar aún más llena de momentos a recordar, ni se me podía pasar por la cabeza lo que me iba a ocurrir…

3 comentarios:

Pakonas dijo...

Hola Gustavo, gracias por el consejo. A ver si asi alguien me deja un comentario de vez en cuando, que se agradecen :)
No, ahora mismo estoy en Delhi, ya de vuelta del viaje. Seguiré contando mañana sobre Rishikesh.

Saludos!!

Stels dijo...

y nos vas a dejar asi?? como es que ni siquiera se te pasaba por la cabeza lo que te iba a ocurrir???? que paso??
Bueno, que tu sabes que yo sigo tu blog aunque comente poquito, pero es todo por pereza pa entrar con mi cuenta!!!

Un beso y a seguir bien!!

Pakonas dijo...

Tranqui, en la próxima entrada lo cuento, quizás esta noche.

Saludos!!