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domingo, 4 de octubre de 2009

Khajuraho, erotismo entre las piedras

Situado en plena campiña india, en el estado de Madhya Pradesh, el pequeño y tranquilo pueblo de Khajuraho atrae cada año a miles de turistas de todos los rincones del planeta, atraídos principalmente por sus templos, y en particular, por las esculturas eróticas que allí se encuentran. Allí me encontré con un antiguo estudiante, Mahindra, a quien ya prometí en su momento que visitaría. Junto a él y otros estudiantes (el español es el idioma de moda allí) pasé unos momentos muy agradables, que me hicieron rememorar aquel gran viaje por Rajasthan. Que pena que solamente me quedara un día. Me alojé en el hotel Surya, propiedad del tío de otro de mis alumnos, que me hizo un precio especial. El sitio está bastante bien, os lo recomiendo.

Los templos de Khajuraho fueron construidos por la dinastía de los Chandela, entre los siglos X y XIII. En aquellos tiempos había unos 85 templos, pero hoy día solo quedan 22, distribuidos en tres grandes grupos: templos del oeste, del este y del sur. Los primeros son, con diferencia, los más bellos e interesantes, y aquí fue donde comenzamos la visita.






Jabalí en el templo de Varaha



Lo más destacable e interesante, más que la arquitectura de los templos, son las sensacionales esculturas que se puede ir encontrando en sus paredes. La mayoría son representaciones de divinidades, animales y sensuales ninfas en diferentes escenas cotidianas. Y entremezcladas entre unas y otras, varias escenas eróticas. Toda una orgía de figuras practicando sexo en las más variadas posturas y maneras: dúos, tríos, sexo oral, anal e incluso zoofilia. Un despiporre, vamos.







Los historiadores no han llegado aún a un acuerdo acerca del origen y propósito de estas esculturas eróticas. Existen diversas teorías, pero la mayoría relacionan estas creaciones con el Kamasutra. No hay que olvidar que este libro, no era simplemente un listado de posturas sexuales, sino que iba encaminado a mejorar la mente y el alma de la persona por medio de otras practicas. Siguiendo la filosofía tántrica, el sexo tiene un carácter espiritual y se concibe como una forma de abandonar y negar el propio ego, y así acercarse más a lo divino que todos tenemos dentro.
Sin embargo, y aunque esta interpretación tiene su lógica, existen algunas esculturas, en concreto aquellas que representan escenas de sexo con animales, que escapan a toda explicación. Lo que está claro es que al que se le ocurrieron tenía bastante guasa.


En tiempo de guerra todo hoyo es trinchera





Después del grupo del oeste, hicimos una parada en Treasure Chest, la tienda de artesanía que regenta Shyam, el tío de Mahindra, que además es guía turístico. Tras invitarnos a un té, se ofreció a acompañarnos a visitar los templos del este, y así de paso practicar su español. Dichos templos son, en su mayoría, jainistas, y no conservan ningún rastro de erotismo en sus paredes. De todas formas, aún podemos hallar un magnifico conjunto de esculturas, especialmente en el templo de Parsvanath, el más grande de todo este grupo.





Según las recomendaciones, el grupo de templos del sur apenas tiene interés, con lo que preferí pasar el resto del día visitando la aldea natal de Mahindra, Pahadi Bawan, a unos 20 kilómetros de Khajuraho. Allí estuvimos un rato en casa de su familia, una gente adorable y muy hospitalaria, con los que tuve el placer de compartir mesa (o suelo, para ser más exactos). Fue genial el poder pasear por un lugar tan recóndito, donde quizás ningún extranjero había estado antes o, al menos, no era tan habitual el ver a uno tan de cerca. La situación me recordó mucho a lo vivido en Renwal, el pueblo de mi querido amigo Hemindra.






Mahindra y familia



De vuelta al pueblo, mientras Mahindra conducía su moto, yo estaba abstraído en el paisaje, consciente de que aquel era ya el último viaje en India, al menos en este periodo. Ante mi fueron pasando uno por uno todos aquellos lugares, personas, momentos, que han hecho de esta etapa de mi vida, una experiencia inolvidable. No sé si fueron los recuerdos o el polvo del camino, pero se me llegó a escapar una lagrimilla. Khajuraho supone el punto y aparte a un gran viaje, aprovechado hasta el último suspiro. Ahora, a falta de casi 24 horas para dejar este país, llega el momento de hacer balance, tanto de lo bueno como de lo malo, y prepararse para una nueva fase: la del reencuentro y readaptación a circunstancias totalmente diferentes. Pero eso me lo reservo para la próxima entrada, la última, ya desde España. Hasta entonces pues.