Mostrando entradas con la etiqueta Gokarna. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gokarna. Mostrar todas las entradas

miércoles, 7 de enero de 2009

Gokarna, fin de año en el paraiso

Tras otro viajecito en tren nocturno hasta la estación de Margao en Goa (mi estación de referencia desde ese momento), cogí un acogedor tren regional hasta la localidad de Gokarna, en el estado de Karnataka, hasta este momento el punto más meridional en el que he estado nunca. El pueblo es un punto importante de peregrinación y acoge varios templos, la mayoría consagrados a Shiva, el cual, según la mitología hindú, nació de la oreja de una vaca, y eso es precisamente lo que significa Gokarna, oreja de vaca. Pero sin duda, el principal atractivo de la zona son sus playas y sus paisajes paradisiacos. Yo, apenas compré las uvas, cogí un autorickshaw hacia Om Beach, a donde llegué justo a tiempo para disfrutar de esta maravillosa puesta de sol, digna de cualquier video de Glen Medeiros:




Tren Margao-Gokarna. Será por ventiladores...


Rincón del centro del pueblo

Después de un breve paseo llegué al chiringuito donde me alojé, Dolfin Bay, a unos pasos de la orilla. Un rincón estupendo, con un ambiente muy hippy, con cabañillas de madera y mimbre, y unos platos exquisitos, a un precio irrisorio (150 rupias la noche). Allí estaba tomándome una cervecita, cuando conocí a una pareja que me invitó a su mesa. Un brasileño y una inglesa, a los que más tarde se les uniría otra pareja inglesa más, y un austriaco hispano hablante con el que hice muy buenas migas. Con todos ellos fue con los que celebré el paso de un año a otro, momento que llegó justo cuando caminábamos por los riscos de una playa a otra, linternas en mano, en busca de fiesta y cachondeo Sin duda, la nochevieja más atípica que he vivido nunca.


Panorámica de Om Beach, llamada así por tomar la forma del símbolo “Om” (ॐ), con el que empiezan todos los mantras en la religión hindú.


Mi habitación


Los primeros momentos del año con las uvas sobrantes. Acabé por repartírselas a la gente desperdigada por la playa, que las acogieron de muy buen grado.

A la mañana siguiente, la primera de 2009, me levanté con el rumor de las olas y la brisa marina, dispuesto a disfrutar de un estupendo día de playa. Quien me lo iba a decir hace justo un año, en Vilnius, a – 10 grados… La playa es una gozada y el agua está bastante limpia y en su punto para el baño. Aparte el ambiente era fenomenal, con grupos de gente del pueblo que se acercaban a decirme “haPPy new year, my friend!!” y hacerse fotos conmigo, lo que pasó a ser una constante durante el resto del viaje.






En ese chiringuito a la izquierda es donde pasé la noche y parte del día. Si alguien estuviera interesado en reservar habitación le paso el telefono de Shankar, el dueño.

Al caer la tarde, volví a coger un tren hacia la estación de Margao, donde pasé esa noche, ya que a la mañana siguiente salía temprano hacia Hampi, sin duda, la guinda del pastel en este épico viaje.