Tren Margao-Gokarna. Será por ventiladores...
Rincón del centro del pueblo
Después de un breve paseo llegué al chiringuito donde me alojé, Dolfin Bay, a unos pasos de la orilla. Un rincón estupendo, con un ambiente muy hippy, con cabañillas de madera y mimbre, y unos platos exquisitos, a un precio irrisorio (150 rupias la noche). Allí estaba tomándome una cervecita, cuando conocí a una pareja que me invitó a su mesa. Un brasileño y una inglesa, a los que más tarde se les uniría otra pareja inglesa más, y un austriaco hispano hablante con el que hice muy buenas migas. Con todos ellos fue con los que celebré el paso de un año a otro, momento que llegó justo cuando caminábamos por los riscos de una playa a otra, linternas en mano, en busca de fiesta y cachondeo Sin duda, la nochevieja más atípica que he vivido nunca.
Panorámica de Om Beach, llamada así por tomar la forma del símbolo “Om” (ॐ), con el que empiezan todos los mantras en la religión hindú.
Mi habitación
Los primeros momentos del año con las uvas sobrantes. Acabé por repartírselas a la gente desperdigada por la playa, que las acogieron de muy buen grado.
A la mañana siguiente, la primera de 2009, me levanté con el rumor de las olas y la brisa marina, dispuesto a disfrutar de un estupendo día de playa. Quien me lo iba a decir hace justo un año, en Vilnius, a – 10 grados… La playa es una gozada y el agua está bastante limpia y en su punto para el baño. Aparte el ambiente era fenomenal, con grupos de gente del pueblo que se acercaban a decirme “haPPy new year, my friend!!” y hacerse fotos conmigo, lo que pasó a ser una constante durante el resto del viaje.
En ese chiringuito a la izquierda es donde pasé la noche y parte del día. Si alguien estuviera interesado en reservar habitación le paso el telefono de Shankar, el dueño.
Al caer la tarde, volví a coger un tren hacia la estación de Margao, donde pasé esa noche, ya que a la mañana siguiente salía temprano hacia Hampi, sin duda, la guinda del pastel en este épico viaje.