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martes, 23 de junio de 2009

El templo de Shiva

Ya casi no me quedan sitios de interés turístico a visitar en Bangalore, así que ando agotando y exprimiendo los últimos rincones. Uno de ellos lo visité junto a Marta el pasado viernes. Se trata del principal templo dedicado al dios Shiva en la ciudad. Uno de los más destacados lugares de culto, visitado por un gran número de devotos, aunque cuando fuimos estaba más bien tranquilo. El lugar es un ejemplo perfecto de cómo la religión, a veces se puede convertir en un estupendo negocio y un auténtico circo.

Nada más entrar, hay que pasar por una galería de tiendas con recuerdos de todo tipo y productos relacionados con Shiva, desde camisetas hasta llaveros, pasando por pegatinas para el coche, colgantes con el símbolo Om, etc. Superado el trago, nos encontramos con un tío vendiendo moneditas de oro, las cuales hay que lanzar en una serie de cubiletes, cada uno con un mantra, a nuestro entender dedicados a diferentes problemas y peticiones (para aprobar los exámenes, encontrar pareja, curarse las almorranas…).



La entrada es gratuita, pero si quieres hacer fotos tienes que pagar 25 rupias. Le solté 100 y se quedó con 10 rupias del cambio por una pulserita que se supone que trae suerte si la atas en alguna parte del templo.


Aquí Marta en acción, con Ganesha, el dios elefante, al fondo

Pero todo este cachondeo no estaría justificado si no fuera por la impresionante visión de la principal atracción del santuario: una estatua de Shiva, sentado en la postura de Padmasan (o postura del loto), de unos 20 metros de altura, de cuya cabeza sale un chorro de agua, supuestamente del Ganges.





Detrás del ídolo, se abre la Amarnath Yatra, o caverna sagrada, a cuyo interior se accede tras pagar las correspondientes 10 rupias, no podía ser menos. Se trata de una especie de pasaje del terror, con luces de neón y diversas vitrinas, a cual más bizarra, donde se exponen una serie de lingam. El lingam es un símbolo sagrado que representa el falo de Shiva, y se suele insertar en una especie de cuña llamada yoni, la parte femenina de la unión elemental, creadora de toda vida en el universo (detrás de esta simplona aclaración hay muchísima historia que no os quiero soltar ahora. Nada que no se pueda encontrar en Santa Wikipedia, por ejemplo).




Muñecote de Shiva en el interior de la galería

De nuevo en el exterior, nos encontramos con el estanque sagrado, enfrente de la estatua de Shiva, el cual tiene el poder de cumplir todos los deseos. Eso si, para ello, el fiel de turno tiene que depositar una vela en su interior (10 rupias), lanzar una moneda (20 rupias cada una) de espaldas y recitar un cántico (esto creo que es de balde). Todo esto me recuerda a las maquinas esas que hay en las ferias, donde la gente echa monedas para que una bruja de cartón piedra le lea el futuro. La cuestión es sacarle los cuartos a la gente con lo que sea.





Para rematar, justo a la salida hay una chica muy amable,recaudando dinero para una asociación, que tiene el gusto de enseñarte un album de fotos con gente abrasada y mutilada, perteneciente a un hospital, para intentar así remover tu conciencia y de paso, tu bolsillo. Por supuesto, no soltamos ni un céntimo. Creo que este tipo de acciones caritativas tiene que salir de uno mismo, en el momento y lugar que uno lo crea necesario, y no presionado por la visión de ciertas imágenes (que por otra parte, vulneran la intimidad de esos pacientes). Lo siento mucho por esa pobre gente, pero esa no es la mejor manera ni el lugar (un templo religioso) de fomentar la cooperación.

Aun así, no es que saliéramos de allí decepcionados ni nada de eso. Al contrario, fue bastante curiosa y divertida la experiencia, y el poder ver la imponente estatua de Shiva (la más grande de toda la India) hizo que la visita mereciera bastante la pena.