Mi deseo de pasar por este lugar vino a raíz de una película que vi hace ya algunos años, cuando aun no había salido ni tan siquiera de España. Se llamaba “Bodas y Prejuicios”, una comedia romántica del montón, que contaba con el reparto con la bellísima actriz india Aishwarya Ray. La historia estaba ambientada en Amritsar, y en el momento en que la vi, pensé inmediatamente que algún día en mi vida tendría que visitarla, principalmente por su famoso templo de oro, que me dejó fascinado. Al final así ha sido y he tenido la suerte de verlo delante de mí y disfrutarlo desde todos los ángulos. No imagináis la ilusión me hizo.
El templo de oro es, con diferencia, la principal atracción de Amritsar. Se trata de un complejo magnifico, compuesto de diversos edificios, y un estanque sagrado en cuyo centro se halla el templo en cuestión, al que se accede a través de una pasarela. En su interior se guardan las sagradas escrituras de los sijs.
Antes de entrar es necesario cubrirse la cabeza, descalzarse y lavarse los pies. Una vez dentro, el ambiente que se respira es sensacional, lleno de buenas vibraciones. Montones de peregrinos que pasean rodeando el templo, se bañan en el estanque o se sientan a reposar a la sombra de las galerías. No sé el tiempo que pasé allí, pero la verdad es que se me pasó enseguida. Me dio muy buen rollo aquel sitio, si señor.
Los sijs son monoteístas, creen en un dios único y universal, el cual no tiene porque ser representado con forma humana. A pesar de ello, comparte algunos dogmas con el hinduismo, como la creencia en la reencarnación, aunque se opone al sistema de castas. Su fundador fue el gurú Nanak que en el siglo XV difundió sus ideas entre musulmanes e hindúes con el objetivo de limar diferencias y encontrar una fe única y común. No pudo conseguir su noble propósito, pero si logró captar suficientes discípulos para constituir un nuevo dogma y hacer del sijismo una de las religiones más profesada en la India (alrededor de 19 millones de creyentes).
Los preceptos principales de los sijs más ortodoxos se concretan en el credo de las 5 K:
- Kesh, que significa pelo, el cual no se cortan nunca y llevan cuidadosamente recogido en su turbante, el rasgo más distintivo junto a las largas barbas.
- Khanga, un peine de madera, que usan para recogerse el pelo.
- Kara, una pulsera de metal.
- Kacha, una especia de taparrabos hecho de algodón, que se usa como ropa interior.
- Kirpan, una pequeña daga, de la que nunca se desprenden, ni siquiera para darse el baño.
El segundo gran punto de interés en Amritsar es el Jallianwala Bagh, jardín memorial construido para conmemorar la masacre ocurrida en 1919, en la que el ejército británico, liderado por el general Dyer, disparó a quemarropa a un grupo de indios indefensos y desarmados, que se encontraban allí reunidos. El tiroteo tuvo lugar a sangre fría, sin previo aviso ni orden a la multitud para que se dispersara. Se estima que en ese momento había allí algo más de 15.000 personas, de las cuales 379 fueron asesinadas y unas 1200 heridas. Sin duda, el episodio más terrible durante el periodo colonial. En el interior del recinto, una llama arde para recordar a los caídos, y en los muros aún se pueden ver los restos de la tragedia en forma de disparos de bala.
Antes de coger otro abominable autobús, esta vez camino de Dharamsala, me di un paseíto por los alrededores del templo de oro, explorando la ciudad antigua, con sus calles estrechas y su caótico trasiego de vehículos cargados de la más variada mercancía. Al igual que en los aledaños del estanque sagrado, la gente se comportó genial conmigo y las buenas vibraciones me siguieron acompañando. De vez en cuando alguien me paraba para preguntarme que de donde venían, me invitaban a sentarme con ellos, a compartir un té o algo de comer. Casi que me hubiera quedado un tiempo más por allí, pero todavía me esperaba un lugar más, que acabaría por superar, a nivel de vivencias positivas, a todos los anteriores.